Colorín colorado... este puerto se ha acabado!

Sí amig@s! Por fin se ha acabado esta pesadilla! El Gobierno de Canarias ha puesto punto y final al expediente de concesión administrativa para el puerto deportivo de Parque Marítimo Guayonge s.a., mediante la firma del Consejero de Obras Públicas.

Ya es definitivo, este rincón de la costa tacorontera ya está a salvo de las garras especuladoras de José Ana Pérez Labajos.





4.10.07

INFORME SOBRE LA FAUNA DE LA COSTA DE TACORONTE, CON ESPECIAL REFERENCIA A LA ZONA DE MESA DEL MAR - LA GARAÑONA. Por Rubén Barone Tosco.

INTRODUCCIÓN:

La zona baja y costera del término municipal de Tacoronte, protegida en parte por la declaración del Paisaje Protegido Costa de Acentejo, constituye una zona de notable interés ecológico y paisajístico. Ello se manifiesta en la existencia de grandes acantilados costeros, que alcanzan más de 200 m de altura en algunos tramos, barrancos con importantes paredes que desembocan en dicho entorno costero y, más localmente, rasas intermareales de dimensiones moderadas.

Estos imponentes acantilados constituyen el hábitat de un buen número de especies de la flora vascular y la fauna (tanto invertebrada como vertebrada), que encuentran refugio en un enclave de difícil acceso y, hasta ahora, no muy transformado, si exceptuamos, naturalmente, las áreas situadas inmediatamente por encima de los límites del Paisaje Protegido y los hoteles y otras construcciones de los núcleos de Mesa del Mar y El Pris, que han producido una transformación muy patente en el paisaje original de la zona.

El ámbito objeto de valoración faunística en el presente informe cubre el área comprendida entre Mesa del Mar y la parte inicial de los acantilados de La Garañona, es decir, el sector más noroccidental de la costa tacorontera.

Con el fin de ser sintéticos y de exponer de forma escueta pero con cierto grado de detalle el valor faunístico de esta porción del territorio de la comarca de Acentejo, es por lo que pasaremos a tratar el tema desde una perspectiva ecológica, es decir, la fauna vista en función de los hábitats que ocupa. Naturalmente, debido a la escasez de información concreta sobre el grupo de los invertebrados terrestres de la zona, es por lo que se ha optado por dar un mayor protagonismo a los vertebrados, aunque sin olvidar que el amplio, interesante y variado mundo de los insectos y otros animales invertebrados también está presente en la costa de Tacoronte, como en cualquier otro territorio.


LA FAUNA TERRESTRE EN FUNCIÓN DE LOS HÁBITATS:

Comenzamos este breve repaso de los valores faunísticos locales por el ámbito costero, y en particular por los bajíos. En ellos pueden observarse distintas especies de aves migratorias, que en su gran mayoría no se reproducen en las islas; se trata de la garceta común (Egretta garzetta), la garza real (Ardea cinerea), el chorlitejo grande (Charadrius hiaticula), el chorlito gris (Pluvialis squatarola), el zarapito trinador (Numenius phaeopus), el andarríos chico (Actitis hypoleucos), el vuelvepiedras común (Arenaria interpres) y el charrán patinegro (Sterna sandvicensis). Ninguna de estas aves llega a ser común en el área, pero, de vez en cuando, es posible verlas mientras se alimentan o descansan en las plataformas costeras durante la marea baja. En cualquier caso, es en el tramo litoral comprendido entre la punta del Viento (Tacoronte) y La Barranquera (Valle de Guerra, La Laguna) donde éstas y otras especies migrantes encuentran un ambiente más apropiado, pues este sector es bastante diferente al de Mesa del Mar y El Pris, ya que cuenta con amplios bajíos y pequeñas playas de arena y callaos. Otra especie que frecuenta la costa de Acentejo, aunque sin criar en ella, es la omnipresente gaviota patiamarilla (Larus cachinnans atlantis), que es la clásica especie de gaviota que podemos observar por toda la costa de la isla de Tenerife y del conjunto del archipiélago.

Los cantiles constituyen un hábitat de gran importancia para ciertas especies de aves ligadas a ambientes rupícolas o rupestres, como es el caso de dos rapaces, el busardo ratonero o “aguililla” (Buteo buteo insularum) y el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus canariensis), que encuentran en ellos lugares adecuados para reproducirse. Otras dos rapaces, de hábitos nocturnos, acompañan a las anteriores; se trata de la lechuza común (Tyto alba alba) y el búho chico (Asio otus canariensis), ambas conocidas popularmente por “corujas”. Pero éstos no son los únicos habitantes de los riscos de Tacoronte, pues también hacen acto de presencia la paloma bravía o “paloma salvaje” (Columba livia) y el vencejo unicolor o “andoriña” (Apus unicolor), además de la pardela cenicienta (Calonectris diomedea borealis), ave marina que forma colonias de cierta entidad en gran parte de los cantiles de la comarca de Acentejo. Más curiosa resulta la presencia de al menos una especie de quiróptero, el murciélago rabudo (Tadarida teniotis), que busca refugio en las grietas y oquedades de los cantiles y barrancos, y suele cazar cerca de las zonas habitadas por la especie humana.

Las mencionadas aves también ocupan las paredes de los barrancos de la zona, pero, entre la abundante vegetación asociada a estos medios, favorecida a menudo por la existencia de pequeños manantiales o rezumes, hacen acto de presencia la tórtola europea o “tórtola” (Streptopelia turtur), el petirrojo europeo o “papito” (Erithacus rubecula superbus) -raramente observado en esta zona, pues es un ave eminentemente forestal-, el mirlo común (Turdus merula cabrerae) y la curruca capirotada o “capirote” (Sylvia atricapilla heineken), entre otras. Por otro lado, en los mencionados rezumes y fuentes, así como en ciertos estanques existentes entre El Pris y Mesa del Mar y junto a la parte alta de los acantilados, suele aparecer la lavandera cascadeña o “alpispa” (Motacilla cinerea canariensis). También, en algunos puntos aislados se oye a veces el croar de la ranita meridional (Hyla meridionalis), una de las dos especies de ranas introducidas en la isla de Tenerife, mientras que en los estanques se pueden ver invertebrados acuáticos, como es el caso de determinados insectos pertenecientes a los órdenes de los odonatos (libélulas), heterópteros (chinches) y coleópteros (escarabajos y afines).

Entre los matorrales que se desarrollan en las laderas de los acantilados y barrancos del área pueden encontrarse otras aves como la curruca cabecinegra o “chorrera” (Sylvia melanocephala leucogastra), el mosquitero canario, “hornero” o “chivita” (Phylloscopus canariensis), el herrerillo común (Parus caeruleus teneriffae), más conocido en la comarca por “chirrero”, “alguacil”, “guardia civil” o “fula”, y el canario (Serinus canarius). Además, hay otras aves ya mencionadas con anterioridad, algunas de las cuales utilizan los densos tabaibales y cardonales como lugar de alimentación y refugio. En los matorrales, así como en otros muchos ambientes, se observan gran cantidad de lagartos tizones (Gallotia galloti eisentrauti), sin duda una de las especies de vertebrados más fáciles de ver en una excursión por la zona, eso sí, en los días soleados o escasamente nublados, no fríos. Por otra parte, los cardones muertos o con tallos en proceso de putrefacción son el hábitat de numerosos invertebrados, de grupos como los coleópteros y los lepidópteros (mariposas), que llegan a desarrollar una parte importante de su ciclo vital dentro de esta imponente fortaleza vegetal. Por otro lado, a menudo, entre el “mantillo” que se acumula debajo de los cardones se localizan algunos moluscos gasterópodos terrestres, tales como las “chuchangas” de los géneros Canariella y Hemicycla.

Un hábitat muy peculiar es el constituido por los propios núcleos costeros de población, como el de Mesa del Mar, donde hay efectivos, aunque no abundantes, de gorrión moruno (Passer hispaniolensis), una especie al parecer introducida en Canarias desde el siglo XIX. También en las edificaciones de esta localidad resulta más o menos frecuente el perenquén de Delalande (Tarentola delalandii), más conocido en Tenerife por “perenquén” a secas. Este reptil también ocupa las zonas pedregosas de los matorrales y otros ambientes aquí descritos.

Además, cerca del mismo borde superior de los cantiles, donde la gran pendiente que caracteriza al espacio objeto de estudio da pie a una suerte de restos de cultivos, terrenos “balutos” o abandonados y distintas urbanizaciones con árboles ornamentales, pueden verse otras especies orníticas no mencionadas hasta ahora, como es el caso del verderón común (Carduelis chloris) y el pardillo común (Carduelis cannabina meadewaldoi), además de “capirotes”, mirlos, canarios, etc.

Para concluir este conciso repaso faunístico de los vertebrados terrestres que habitan el área costera de Mesa del Mar – La Garañona y sus inmediaciones, donde se pretende instalar un gran puerto deportivo de fuerte impacto visual y ambiental, debemos hacer mención de algunas aves que crían en la isla de Tenerife pero no en esta zona, aunque la visitan de manera ocasional; nos referimos al gavilán común o “falcón” (Accipiter nisus granti), rapaz forestal que cría en los montes del municipio y aparece de vez en cuando la costa, el águila pescadora o “guincho” (Pandion haliaetus haliaetus), actualmente relegada en Tenerife a los acantilados del macizo de Teno, y el charrán común o “garajao” (Sterna hirundo), que llegó a reproducirse recientemente en un roque costero de la costa de Tacoronte, y que por tanto podría volver a ocupar el litoral de la zona, sobre todo si se reducen las molestias humanas en el mismo.


SOBRE LAS ESPECIES PROTEGIDAS Y AMENAZADAS:

La mayoría de las especies de vertebrados terrestres ya mencionadas están protegidas por distintos convenios internacionales, directivas comunitarias y leyes de ámbito estatal, además de por la propia legislación canaria. Por otro lado, en el caso de la avifauna y los mamíferos, algunas especies raras y/o amenazadas han sido incluidas en distintos “libros rojos”, como es el publicado recientemente, en el año 2004, por el Ministerio de Medio Ambiente y la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife). Entre ellas figura la pardela cenicienta, que cuenta con colonias reproductoras en el área, y para la cual la destrucción y modificación del hábitat se perfila como una de las amenazas más importantes, no sólo por la eventual pérdida de hábitat de cría, sino también por la red de iluminación artificial que se genera al poner en marcha una urbanización costera, que produce fenómenos de deslumbramiento y desorientación de los pollos de la especie, una vez éstos salen del nido y llevan a cabo sus primeros vuelos.



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